Chilaquiles: la variedad nace en la salsa

Los chilaquiles son un platillo típico que se encuentra fácilmente en cualquier cocina mexicana. Uno de los rasgos que distingue a los chilaquiles y los hace ser los favoritos de tantos en el desayuno es su variedad.

Los chilaquiles son un delicioso conjunto de decisiones, pues cada decisión que tomamos nos lleva a una experiencia distinta en el disfrute de los chilaquiles.

 

Un factor determinante en este grupo de sabrosas decisiones es la salsa. La salsa de los chilaquiles lleva por rigor tomates, y con ellos tenemos nuestra primera decisión ¿queremos tomates rojos o verdes? Después de determinar el color de la salsa será importante tomar en consideración el gusto particular de quien los vaya a comer, porque si bien los chilaquiles vienen del término chi-laqui-lli, que significa “metidos en chile” es cierto que hoy en día este ingrediente se agrega de acuerdo a la tolerancia de cada persona. Actualmente se ha llegado incluso a la paradoja de que algunos chilaquiles no tengan chile.

La salsa no sólo nos da el sabor sino que también depende de ella la consistencia final de los chilaquiles. Esto se debe a que en la medida que el totopo y la salsa estén en contacto, los chilaquiles irán reblandeciendo. Por lo que aquellos que prefieran lo crujiente optarán por la versión dorada de los chilaquiles, y otros se inclinarán por que la salsa remoje los totopos el tiempo suficiente para que estos se tornen blandos.

Después de la salsa hay varias decisiones más que tomar, como si les pondremos lácteos (crema y queso). El queso además puede ser en trozo, espolvoreado o gratinado, e incluso es posible mezclar las opciones. Otra decisión es si llevarán verdura (cebolla y / o cilantro) o una dosis extra de proteína (carne de res, pollo, chorizo…).

Lo importante es que al final de tomar tantas decisiones disfrutemos de nuestros chilaquiles.

Editorial La Chilaquila “El lugar de los chilaquiles”